El hijo de Victorino declaró en Arnedo que el toro Molinito había sido muy exigente y que Diego estuvo a la altura de las circunstancias, cosa prácticamente imposible debido a su trayectoria ya que hasta ésa fecha apenas había toreado unas treinta corridas de toros desde su alternativa en 1999, habiendo toreros en el escalafón que con la misma o superior estadística por temporada no hubiesen sido capaces de estar al nivel que exigía Molinito.
A partir de ese momento Diego Urdiales se ha ido labrando un camino a base de firmeza dentro y fuera de la plaza, ha entendido y nos ha hecho entender que no todo vale para sumar, que hay corridas a las que no se puede apuntar aún sabiendo que un triunfo puede resultar mediático por unos días pero que a la larga no le va a suponer ningún rédito artístico. Y no sólo nos ha convencido a base de palabras, los hechos le han dado la razón, como la tarde de los Torrestrella en la Ribera o la oreja arrancada a un Victorino mastodóntico en Bilbao o en Madrid con una vuelta al ruedo de las de antes tras pisar los terrenos de la nada, ésos terrenos que habitan entre el toro y sus intenciones fraticidas.
Así que cuando escucho y leo que Diego Urdiales ha estudiado una oferta recibida poor parte de la casa Chopera para apoderarlo ésta temporada y tras escuchar de su propia voz los motivos por los que no se llegó a buen puerto en las negociaciones, no me cabe la menor duda de que la decisión tomada por el torero de Arnedo habrá sido la más acertada porque nadie mejor que él sabe de sus capacidades y de sus planteamientos para caminar por esta profesión con la máxima dignidad posible.
Diego Urdiales caminando por la calle de Alcalá de Madrid antes de la Goyesca del 2 de mayo
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